VICENTE CLIMENT:
Humanidad y armonía en la batería
Por Javier Horche / Fotgrafía: Noha Shaye / 22 de Mayo de 2011
Vicente Climent es uno de los grandes de músicos de nuestro país, de eso no cabe duda, su extenso curriculum así lo acredita y su forma de tocar la batería lleva años levantando pasiones en la mayoría de los que se dedican a esto. Hemos tenido la extraordinaria ocasión de que nos dedicase una mañana para conversar de música, pero no sólo ha sido así, sino que nos ha regalado la sabiduría del músico que ha llegado, de la persona que valora ante todo la humanidad y la armonía del que esta tras el instrumento. Esa humanidad natural que suelen poseer los genios y de la que a veces nos olvidamos.
¿Te sigue gustando tocar la batería?
Me sigue gustando y me sorprende notar que todavía me gusta. Cuando te subes a un escenario, cada noche es diferente.
Cuando subes a un escenario ¿qué pasa por tu cabeza, qué sensaciones tienes?
Cada noche es distinta, tocas con gente distinta, pasan cosas distintas y tienes esa sensación incalificable de que te mola lo que haces. Te puede pasar en un escenario con miles de personas o con ochenta. Esa es la fascinación de este oficio, lo que nos hace estar ahí. Es decir, puedes tocar ante cincuenta mil personas e irte muy contento a tu casa o tocar para treinta y tener la sensación de felicidad profunda. No sabes porqué, no influye ni el dinero ni nada.
Quizás a la hora de interpretar también influye mucho el buen ambiente, los compañeros con los que tocas ¿no?
Esto es vital, fundamental, algo que alguna vez puedes obviar, por profesionalismo o por otros aspectos, pero cuando la gente que te rodea es gente que admiras, es gente de mucha calidad, eso transciende y cuando tocas ves que todo funciona.
Cuando todo el mundo apoya (algo que es muy importante), es magnifico, te hace sentir satisfecho. Cuando no es así, también tienes muchos puntos en los que funcionar, pero cuando la admiración es reciproca, esto no tiene precio.
¿Cuál sería tu valoración en cuanto a sensaciones, sobre esta gira que has hecho con Serrat?
En esta gira, valorando todas las que hecho (y eso que en muchas, he dicho, “joder, me moriría ahora, estoy feliz”), empezando por la llamada de “Kitflus” (Josep Mas Kitflus) para tocar con ellos, uno de los tipos que más admiro musicalmente, fue una sensación emocionante. Después te vas enterando de los componentes de la banda con musicazos como Víctor Merlo, Israel Sandoval u Olvido Lanza y de repente conoces a Ricard Miralles… En fin, Ricardo Miralles, que a parte de ser el director musical, ha sido un ángel de la guarda que la vida me da, alguien con el que químicamente he conectado de manera impresionante. Estamos hablando de una gira donde el “jefe” (Joan Manuel Serrat), es de una rectitud y de una demanda máximas. Cuando él necesita algo musicalmente hablando, las pilas que vibran en el escenario son totales y entonces, por ejemplo, Kitflus, que es un veterano que también ha estado muchos años con él, resuelve. Pero si hay alguna duda o alguna observación, a quien Serrat se dirige es a Ricard Miralles. Entonces el haber tenido a Miralles como amigo es la hostia, porque un amigo sirve para decirte, “oye muy bien aquí, aprieta en esta parte”… y te lo dice un amigo, lo cual se agradece enormemente. Como anécdota personal te diré que nuestra amistad nos ha llevado desde la primera gira, y eso que hemos hecho ciento siete galas, a caminar juntos al menos una hora en cada ciudad del mundo que pisábamos. Tener la oportunidad de ir con él ha sido maravilloso, notar el fondo de una persona de esta talla ha sido entrañable. Porque descubrí que su faceta humana está incluso por encima de su admirable talento musical. Todos los del grupo siempre tienen alguna palabra para él, su cultura musical y su amabilidad son ciertamente muy amplias.
¿Cómo preparas el repertorio de un artista con una carrera tan amplia como la de Serrat?
En este caso teníamos dos partes de repertorio bien definidas. Una parte era Miguel Hernández, con arreglos totales de Joan Albert Amargós y no voy a descubrir nada del enorme talento de Amargós, donde todo tiene un porqué, todo está en su sitio, son arreglos contundentes. Esto, traducido a la batería, no son las típicas partes de A, B, A… Las canciones están escritas y arregladas sobre el camino. Entonces hay que arreglar y dar forma, es como el trabajo de un pintor, hay que pensar en el público y, en este caso, estar al servicio de la canción y de Serrat. La sensación que tienes al tocar es que todo está muy engranado, es una sensación deliciosa dar un bombo aquí y encontrarte con un bajo que venía insinuándose y lo acaba dando contigo, es muy bello.
Qué voy a decir yo a estas alturas de Amargós, a nivel arreglista es un top total. Yo, que no soy un buen lector musical, tuve que hacer mucho y pedir ayuda en ciertos momentos, porque aunque tú acabes teniendo tu personalidad (algo que está permitido, ya que a cada uno en el fondo lo llaman por algo) los arreglos son los arreglos y se pedía que te ajustases lo máximo posible.
El disco lo había grabado David Simó, por cierto, maravillosamente, ya que es un batería enorme. Intenté tener todo lo que el había hecho transcrito para poder ver donde quitar o no ya que no me gusta copiar, me parece un error, no es mi estilo. Luego, con la ayuda de la dirección musical de Ricardo y con la calidad musical de Kitflus, fue una delicia prepararlo. Esto en cuanto a la parte de Miguel Hernández. Recuerdo que el primer día que apareció Serrat, tampoco de una manera muy oficial dijo, “ponerme aquí el micro” y todos los temas los cantó a la primera, todos. Imagino que se los preparó con los arreglos de Amargós porque encajaban a perfección. En definitiva, esta parte de Miguel Hernández es uno de los trabajos más elaborados con los que me he encontrado. La otra parte del repertorio es la de los arreglos de Ricard Miralles, que son los temas más clásicos de Serrat, donde comparte arreglos también con Kitflus, pero la mayoría son de Miralles. Seguramente por la manera de ser que tiene Miralles, y no solamente por nuestra amistad, te apuntaba delicadamente por donde podría ir la batería, pero te dejaba ir a tu aire. Si algo no estaba bien te lo decía automáticamente. Por supuesto, estamos hablando siempre de la parte rítmica.
Pero ya te digo que con el bajo y la batería había siempre un… “vamos a ver que es lo que ofreces”. Y de esos arreglos de Miralles o de Kitflus surgen la sutileza, el corazón, la apertura, la emoción, la grandeza. No puedo ser muy objetivo, por que admiro a los tres: Miralles, Kitflus y Amargos. Entonces se produce la magia o el groove. Canciones como ”Esos locos bajitos” o “Sinceramente tuyo”, son increíbles.
¿Antes de iniciar los ensayos y preparación del repertorio, sueles escuchar los temas?
Si, casi siempre suelo hacerlo, pero en este caso, entre comillas, tenía más preocupación que nunca por captar el espíritu del repertorio y del artista. Aunque lo mezclo con canciones que suelo llevar en mi iphone (funky, big band, etc.) en este caso si que me parecía importante esa parte de escucha, no de papel, sino de escucha.
Este ha sido por el momento tu último trabajo, pero me gustaría que nos explicases cómo fue uno de tus trabajos más espectaculares al frente de la batería, en la fiesta-concierto que “Los 40 principales” celebraron en el estadio Vicente Calderón en el 2006. ¿Cómo fue esa brutalidad de tocar casi setenta canciones de lo más variopinto del panorama nacional e internacional en aquella celebración?
La verdad es que no sé cuantas canciones fueron, pero a mi me dijo Jhon Parsons (guitarrista) que yo había tocado seis horas treinta y cinco minutos sin parar, solo se paraba cuando actuaba algún grupo que llevaba su propio batería.
Te daba tiempo a beber agua… (Risas).
Pues mira, me daba tiempo de bajar la escalera y mirar a la cara a Ángel Crespo, gran persona y gran batería, que estaba allí por si me pasaba algo, y decirle, “todo va bien…”
Y de recibir un poco de masaje del fisioterapeuta que nos cuidaba.
¿Cómo se prepara uno todas esas canciones que se grabaron hace tantos años para tocarlas de nuevo con tonos diferentes y voces que han ido cambiando con el paso del tiempo?
Aquí la dificultad era distinta ya que, efectivamente, eran muchas canciones. Teniendo en cuenta que cada persona que va a interpretar la canción es el compositor y quiere su onda y su color, lo más importante era mantener una actitud de concentración para que cada interprete tuviese ese groove que necesitaba, ya que los cambios eran muy bruscos. Por ejemplo, salía del escenario Antonio Vega (que en paz descanse), y a continuación entraba Bisbal con “Ave María” y después, a lo mejor, llegaban Celtas Cortos, y yo tenía que darles la entrada (que en este caso fue así) y no nos habíamos visto antes. Después entraba Julieta Venegas que tiene una onda completamente distinta, más dulce. Luego El sueño de Morfeo que tenía una actitud más rockera, aún siendo pop-rock. Me sorprendió mucho Miguel Ríos, alguien con el que he grabado varios discos y he hecho varias giras, porque fue salir al escenario después de treinta y cinco artistas y meterse a cincuenta mil personas en el bolsillo. Me sorprendió ese poderío. Lo cierto es que mantener la concentración y dar todo el groove posible durante seis horas seguidas con la adrenalina del escenario, no fue cosa fácil.
En los momentos de reposo entre trabajo y trabajo, entre gira y gira ¿Qué hace Vicente Climent para parecerse a Vicente Climent?
Bueno… yo creo que soy un vago que pasado cierto tiempo y cuando se come el coco, acaba yendo al local de ensayo y toca. O me marcho a Alicante, donde tengo un local magnifico dentro de casa y toco, aunque nunca con gran método, lo reconozco. Eso si, cuando tengo la fiebre del método, me levanto a las seis o siete de mañana y cojo el stick-control y me tiro así dos semanas. O de repente me tiro ahí en el sofá, pero enseguida viene el tigre y te dice: “¡vamos, tío que pasa!”. La inconstancia es uno de mis males… (Risas).
A estas alturas de tanta música, cuando no tienes condicionamientos de ningún artista o ningún repertorio, ¿qué es lo que te apetece tocar?
Ciertamente esta es una pregunta difícil, porque yo siempre he pensado que la música negra me encanta, así como todo lo que tenga que ver con el funky, síncopas, groove, groove y más groove. Pero ya me pasó con Miguel Ríos, que nunca me había imaginado tocando “Bienvenidos” ni “Santa Lucía”, y sin embargo fue uno de los mejores momentos de mi vida. Como tampoco me había imaginado con Santiago Auserón, con la onda que llevaba tanto en el primer disco, como en la segunda época de giras que hizo en plan latín-Jazz tocando con Camilo Edwards, Moisés Porro. Ni te lo imaginas y sin embargo te sientes súper feliz.
Hay algo que si es verdad que me gusta, ahora, de ahí a poderlo realizar… Me refiero a las músicas ricas en armonía, ritmo, bajos poderosos… la escuela del R&B y el funky como gustarme me encanta, pero la realidad es que la vida me va llevando por donde me va llevando, y muchas veces me llevo grandes satisfacciones con lo que nunca me esperaba.
Un ritmo de una canción pop rica en armonías y matices puede ilusionarte también ¿no?
Si lo gozo, aunque no me defino como un batería de pop, pero, como lo he tenido que hacer y he llegado ahí, pues se hace con gusto.
Yo nunca clasifico nada, la música es música. Si hay ese bueno rollo que comentábamos antes, compañeros que te apoyan, etc., pues de maravilla. Ahora, yo no soy un especialista de pop británico, o de músicas de los años tal o cual. Lo primero que escuche de pequeño fueron artistas como The Temptations, Marvin Gaye, Jackson Five y Santana, es decir, más soul y funk que pop propiamente dicho.
¿Crees que a partir de lo que se va escuchando durante la vida uno va construyendo su propio estilo, condicionando luego la manera de crear formas musicales con tu instrumento?
Yo creo que si, totalmente. Tu puedes escuchar a Steve Gaad, tocando todos sus trabajos durante mucho tiempo y después dejas de escucharlo (cosa que no recomiendo), (risas) y de repente dices voy a escuchar a Brian Blade dos meses, que es “El pintor del jazz”, como lo definía Shorter, y ves esa libertad con esa capacidad de empaque y esa forma de tocar… y desde luego que hay algo que se te mete dentro. No es que vayas a tocar como ellos, eso es imposible, pero si hay matices que absorbes de forma natural.
Y luego lo canalizas cuando interpretas, ¿no?
Si, este es un detalle importante, porque no se canalizan grandes zonas, grandes grooves, grandes palos, pero a lo mejor un día haces “ping” y sueltas uno y además tienes la suerte de que te sale de forma natural y, cuando lo haces tuyo, es algo más que tienes.
Otra cosa es copiar, la verdad es que dan ganas porque son ciertamente grandes, pero si puedes copiar algo y ese algo lo vas haciendo tuyo, ya que luego no va a salir como lo ha interpretado el otro, vas a hacer que sea parte de tu rollo, si tienes suerte, claro. Tú siempre serás tú y de esto sale la mezcla. Otra cosa es copiar, eso es algo que nunca me he planteado, es otra manera de vivir, pero yo nunca me lo he planteado.
El músico en su carrera va evolucionando, ¿el instrumento también va evolucionando?, no me refiero solamente a la parte tecnológica o de marcas, sino a los elementos que se necesitan en este caso en la batería, ¿disminuyen, aumentan, van cambiando?
En esta gira en concreto, por ejemplo te hablaba de David Simó, él generalmente lleva muchos toms, yo en mi trayectoria hasta el momento nunca lo había hecho, pero si que me vi en la necesidad de montar varios más para ciertos fraseos en el repertorio y por ser más fiel a la grabación.
Recuerdo que hablé con Kitflus y me dijo que esa onda intensa de toms a Serrat le gustaba y entonces a partir de ahí monté el set. Como anécdota te contaré que el primer día que nos vimos hubo muy buen rollo y rápidamente fuimos a ver el set. Serrat es un artista al que le gusta saber lo que llevas, cómo suena todo, ya que al ir monitoreados por sistema de auriculares, todo tiene que estar muy claro. En cuanto a la evolución, tienes que posicionarte en base a lo que tengas que tocar y tienes que ir buscando los sonidos que se necesitan. Por ejemplo, te puede gustar mucho un timbal de 10”, pero realmente lo que necesitas para el tema es uno de 12” con profundidad. Quizá esto es algo que con el tiempo vas teniendo más claro. En el estudio a lo mejor puedes decir, voy a montar tres piezas, que son las que lleva el arreglo porque si monto seis a lo mejor les doy, pero el productor o el artista para el que trabajes puede no querer eso sino un ajuste concreto por lo que puedes sobrarte. Yo creo que eso ciertamente es lo que te da la experiencia. Lo importante es ajustarse a lo que pida la canción, lo que necesite el artista para tener una dinámica cómoda, que todo fluya ya que al final es una labor de equipo.
Para ir terminando este grata conversación contigo, me gustaría que nos contases qué es lo estas haciendo a parte de terminar esta gira con Serrat.
Pues terminar esta gira con Serrat, grabé el disco de Pedro Guerra, Pasión Vega y un clinic en Zaragoza con Tama donde he explicado cómo son las diferentes músicas con las que me he encontrado.
Pues nada Vicente, muchas gracias por tu siempre amena, profunda y sincera conversación y te pido un consejillo o una recomendación para los que empiezan o están en el camino.
Buscar la humanidad, luz y armonía en esto de tocar, en esto de la música.
Muchas gracias Vicente.